¿Se acuerda de aquella ronda infantil: “El puente está quebrado, ¿con qué lo curaremos?”. Uno creció pensando que era apenas una canción, pero en Neiva parece haberse convertido en una pregunta de gobierno.
Durante años, las administraciones municipales no anticiparon las vías que exigiría el crecimiento de la ciudad. Hoy enfrentamos las consecuencias: trancones, cuellos de botella y conexiones que nunca se construyeron. La paradoja es que algunos de quienes tuvieron la responsabilidad de planear esas soluciones ahora se presentan como respuesta a problemas que ellos mismos contribuyeron a dejar crecer.
Germán Casagua llegó a la Alcaldía con la promesa de “recuperar a Neiva con acciones”. Sin embargo, varias obras estratégicas aún enfrentan el riesgo de quedarse más tiempo en los anuncios que en el concreto.
Una de ellas es el puente Tesoro–Caña Brava, una conexión que la ciudad necesita, pero que solo cumplirá su propósito si se incluyen también las vías complementarias necesarias para integrarla al sistema vial.
La ciudad espera al menos los resultados de esa consultoría cuyo costo se acercó a los $3.000 millones.
Pero no todos los puentes se construyen con concreto. También pueden quebrarse los que sostienen la confianza entre un alcalde y su equipo.
En los últimos días, tres renuncias inesperadas dejaron preguntas que difícilmente se resuelven con la explicación genérica de “motivos personales”.
De un momento a otro, inesperadamente, Camilo Gómez Segura dejó la Dirección del Departamento Administrativo de Planeación.
Aclaremos algo: no era “secretario de Planeación”, aunque muchos lo llamen así. ¿Eso hacía menor su cargo? Para nada. Planeación dirige aspectos fundamentales como el Plan de Desarrollo y el POT, coordina la inversión pública y ayuda a definir cómo debe crecer Neiva. Es, precisamente, la oficina donde un gobierno debería pensar antes de improvisar.
Y tampoco hablamos de un funcionario menor. Dependía directamente del alcalde y estaba en uno de los cargos estratégicos de la administración. Si su remuneración estuvo alrededor de los $15 millones mensuales aproximadamente, durante estos 32 meses habría recibido cerca de $480 millones: el equivalente a unos 274 salarios mínimos de 2026, sin contar prestaciones, aportes ni demás costos laborales. La pregunta no es cuánto ganaba, sino qué recibió Neiva a cambio. Muchas personas que nos leen ni siquiera sueñan con ese dinero a pesar de trabajar, seguramente, muchísimo más.
Gómez afirma que regresa a la academia por razones personales. Perfectamente válido. Lo que no puede pretender la Alcaldía es que con esa frase también renuncie la memoria de los neivanos.
Hace más de dos años vengo insistiendo en lo mismo: Germán Casagua confunde estabilidad del gabinete con buena gestión. Cambiar a un funcionario a tiempo no es fracasar. Fracasar es sostenerlo hasta que la realidad haga el cambio que el alcalde se negó a hacer.
Planeación era una alarma. Mientras Casagua llegó a promocionar un avance cercano al 70 % de su Plan de Desarrollo, las discusiones posteriores mostraron una realidad bastante menos entusiasta. Si el alcalde dice que vamos volando y la ciudad todavía busca la pista, el problema no es estadístico: es de gobierno.
Y Gómez se marcha cuando el POT apenas transita su diagnóstico después de años de espera, socializaciones, mesas, recorridos y presentaciones. En esta Alcaldía, a veces, socializar parece un verbo mucho más desarrollado que ejecutar.
Pero ahora aparece otra renuncia. Lina Vanessa Barreto presentó su salida irrevocable de la Secretaría de Competitividad. Otra vez: “motivos personales”. Sin embargo, versiones difundidas por un medio local hablan de un presunto episodio de maltrato verbal por parte del alcalde. Es una versión que debe esclarecerse, no convertirse irresponsablemente en sentencia. Pero tampoco puede despacharse con otra frase prefabricada.
Y menos en una administración que ya ha enfrentado episodios incómodos relacionados con el trato hacia las mujeres.
Andrés Charry, gerente de Las Ceibas, fue denunciado por una mujer por lesiones personales y Medicina Legal determinó una incapacidad de 15 días. Charry negó haberla agredido.
Precisamente por eso Casagua debería ser el primer interesado en explicar qué ocurrió con Barreto.
La ironía llegó con precisión quirúrgica: apenas horas antes, la Alcaldía promocionaba en Facebook el mensaje “Mujer, es tu momento de crecer y emprender”. Muy bonito. Ahora falta demostrar que también sea su momento de trabajar en una administración donde cualquier señalamiento de maltrato sea tratado con absoluta seriedad.
Competitividad tampoco es cualquier despacho. Antes salió Edwin Valencia, un perfil con experiencia y capacidades que Neiva pudo aprovechar mucho más.
Ahora vuelve a cambiar la cabeza de una Secretaría especialmente sensible para una ciudad que todavía tiene enormes desafíos para atraer inversión, generar oportunidades y fortalecer su tejido empresarial.
Mientras tanto, celebramos un 90,7 sobre 100 en desempeño institucional. Magnífico. Solo falta que ese 90,7 aprenda a destrabar proyectos, consolidar equipos y transformar la ciudad. Los formularios califican procesos internos; los ciudadanos califican resultados.
Y recuerdo aquella consigna: “Neiva te ama, ámala tú también”. Mucha camiseta, lanzamiento, publicidad y merchandising. Pero amar a una ciudad no es ponerse un eslogan. Es planearla bien, cuidar el talento, atraer inversión y corregir antes del fracaso.
A algunos pareciera que el mensaje nunca les llegó.
He insistido durante estos años en una palabra: orden.
Orden también significa evaluar al gabinete sin amistades, egos ni terquedades. Saber quién funciona, quién no, y cambiar antes de que cada salida termine acompañada por el mismo libreto de “motivos personales”.
Al alcalde todavía le queda tiempo; se ha perdido demasiado, pero aún hay margen.
Las renuncias empiezan a decirnos en voz alta lo que algunos venimos advirtiendo hace rato: los cambios que un gobernante no hace por decisión, terminan haciéndolos la realidad.
Y la realidad no suele alegar motivos personales.